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RERELACION RELIGION-POBREZA EN LAS CONDICIONES DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE
Incremento religioso y crisis económica. El caso cubano(1)
por Dr. Jorge Ramírez Calzadilla
Departamento de Estudios Sociorreligiosos
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)



La Habana, Cuba mayo de 2001

Examinar la pobreza, y más aun la miseria, comporta necesariamente tener en cuenta tres aspectos fundamentales: 1) el carácter relativo del concepto, es decir, la existencia de pobreza, y por tanto de pobres, implica una comparación, pues presupone la existencia de riqueza y, por tanto de ricos, además de que la relación entre unos y otros siempre está en dependencia de otros factores, en qué medida unos son ricos y en cuál otros son pobres; 2) se trata de un fenómeno históricamente acumulado, no es algo que surja en la actualidad, es la resultante de siglos de sistemas socioeconómicos que se sustentan en la desigualdad, aunque coyunturalmente tenga variantes determinaciones, y 3) la pobreza y la miseria tienen una connotación básicamente económica, social, medible cuantitativamente, pero también otra moral, determinable por categorías éticas, que nos conducen a considerar sobre todo la justicia, las condiciones a las que una parte de la humanidad está sometida a vivir en buena medida sin esperanzas inmediatas de cambio.

Tal vez podríamos coincidir con el papa Juan Pablo II cuando en la audiencia general en la Plaza de San Pedro ante 13 000 personas, el 23 de mayo, se refirió a los pobres, los humildes, a los que identificó como los oprimidos, los perseguidos a causa de la justicia y los marginados por los que eligen la violencia, la riqueza, concluyendo: "no son únicamente una categoría social sino también una opción espiritual".

La pobreza tiene indicadores referidos, entre otros, a: posibilidades de alimentación, vestido, vivienda, educación, recreación, capacidad de reproducción de la familia y de la propia persona, acceso a agua corriente, a la electricidad y demás comodidades elementales del mundo actual; pero también vida digna, sin humillaciones.


En este encuentro los participantes contraemos de hecho un serio compromiso. Seguramente ninguno de nosotros podamos entrar en una calificación de miserables, pero hemos aceptado la responsabilidad de hablar en nombre tanto de los miserables como de los pobres, de los que no tienen posibilidades de expresar sus ideas y expectativas. Pero, si queremos ser consecuentes con una función transformadora de las ciencias sociales, debemos no sólo asumir la denuncia, como hace el papa, sino además y sobre todo encontrar, proponer y participar en procesos que contribuyan a cambiar desde la base la pobreza estructural en tanto mal principal del mundo que nos ha tocado vivir.

Pretendo aquí comentar muy brevemente la relación entre la pobreza y la religión, atendiendo a la asociación que históricamente se ha producido entre ambas. En América Latina y el Caribe esta relación tiene una peculiar significación, por ello me limito a referirme sólo a esta parte del mundo y, con la intención de examinar más en detalle una modalidad de tal nexo, abundaré en el caso cubano, en la medida que el espacio lo permite, específicamente en el incremento religioso verificado a lo largo de la década de los noventa del pasado siglo en condiciones sociales de una crisis económica que entre cubanos se conoce por "período especial".


La pobreza latinoamericana y caribeña en cifras

La pobreza y miseria que marca a una buena parte del mundo actual es sobradamente conocida. Quisiera, no obstante, hacer algunas escuetas referencias a índices en América Latina y el Caribe(2), región particularmente afectada como lo es el resto del llamado Tercer Mundo, a modo de ejemplificación.

El crecimiento económico latinoamericano en las dos últimas décadas ha sido insuficiente, por debajo del considerado por la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas como indispensable. Actualmente la deuda externa de los países de la región, en conjunto, es de unos 750 000 millones, más del doble que sólo década y media antes. Pero solamente entre 1992 y 1999 por servicio de esa deuda se pagó 913 000 millones de dólares, lo que compromete hoy el 56% de los ingresos de exportaciones de bienes y servicios de la región.

Hoy el 44% de la población latinoamericana es pobre -mientras en 1980 era el 39%- es decir, ahora son 224 millones de latinoamericanos, de los cuales 90 millones son indigentes, están en el extremo último de la pobreza. La distribución del ingreso, después de la aplicación por dos décadas de fórmulas neoliberales, es la más injusta e inequitativa del mundo: el 20% más rico de la población latinoamericana recibe un ingreso que es diecinueve veces superior al 20% más pobre.

Los índices de desempleo es del 9% de la población, por lo que, en opinión de Franz Hinkelanmert, ser explotado es hoy una especie de suerte(3). Lo que se agrava realmente con el hecho de que cada 100 de los considerados empleados, 85 lo están en el llamado sector informal, con muy bajos salarios y desprovistos de derechos laborales y a la jubilación.

La mortalidad infantil en el primer año de vida es, como promedio, de 35 por 1 000 nacidos vivos. El 13% de la población es analfabeta, sólo uno de cada tres estudiantes alcanza a llegar solamente a la enseñanza secundaria. La tasa de homicidios que refleja la situación de pobreza, de extrema violencia en esta región, es de 300 por un millón de habitantes, que es el doble del promedio mundial.

Para un análisis objetivo de las reales posibilidades que ofrece un tratado entre los países del área con Estados Unidos, que se concreta en los intentos por crear el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) es conveniente examinar los resultados de la experiencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México. Para el socio más pobre de ese acuerdo tripartita, la aplicación de medidas neoliberales con el TLC por medio, ha significado una reducción de la economía mexicana en más de la mitad, al tiempo que otros índices importantes también reportan notables decrecimientos.

Indicadores se esta naturaleza alertan sobre lo que puede ser el futuro latinoamericano si los gobiernos aceptan el ingreso al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas y no buscan otras formas de asociación en reales condiciones de igualdad. Por ello desde Cuba se ha lanzado la propuesta a los pueblos de grandes marchas en contra de ALCA y a favor de otras soluciones. Permítanme aquí insistir en ello.


La relación religión-pobreza

La religión y, obviamente, sus formas concretas de manifestarse, no escapan de estos procesos sino que, por el contrario, tienen una incidencia de variable envergadura en dependencia principalmente de circunstancias históricas y culturales. Se puede afirmar que es una regularidad que en circunstancias socialmente críticas, incluyendo las de razones básicamente económicas, como acontece hoy en América Latina y el Caribe, según acabamos de ver, la religión tiende a incrementarse y a hacer más alta su significación social. Entonces las diferentes formas religiosas también se modifican y las organizaciones que las sustentan -eclesiales o de otro tipo- reacomodan tanto sus concepciones sobre la sociedad como su modo de accionar en ella.

La religión tiene una capacidad de intervenir en múltiples campos, lo mismo en la subjetividad, en la cultura, en la psicología, como en el terreno de las relaciones sociales, las regulaciones éticas, la política y hasta la economía. Si bien la modernidad desplazó en el mundo occidental a la religión del poder político directo, y formas extremas de racionalismo la redujeron a lo privado, pronosticando su desaparición sobre la base de valoraciones negativas que le excluían aportes positivos, las organizaciones religiosas preservaron una capacidad de influencia social y en las actuales circunstancias de crisis, no sólo económica, la religión mundialmente atraviesa por un significativo incremento o reavivamiento.

Las organizaciones religiosas tienen en la pobreza un tema privilegiado. Por lo general se promueven, aunque sea en la teoría, conductas de preferencia en oposición a la riqueza. Los textos religiosos son abundantes en ideas de este tipo, como lo es la Biblia cristiana, en especial los Evangelios, pero también en relatos mitológicos y otras leyendas de religiones aborígenes y africanas se recogen enseñanzas orientadas a modelos de vida que tienden a formas humildes y contrarias a la dilapidación de los bienes naturales. En estas religiones, en contra de las opiniones derivadas de concepciones etnocentristas occidentales, hay valores y normas de conducta.

Pero en la vida social práctica, el pueblo creyente acerca sus representaciones religiosas a sus propias condiciones, problemas, expectativas, esperanzas y también sus fiestas. Las historias que se construyen alrededor de las figuras más devocionadas en nuestros pueblos, tenidas por milagrosas con oídos para los pobres y secularmente desprotegidos, nos conducen a afirmar que la condición de popularización de los mismos está justamente en que reflejen los problemas de los humildes, bien sea por sufrir persecución, pobreza, enfermedades, martirio o muerte, por su mulatez o por haberse presentado a pobres o desvalidos. Pero siempre hay en esas narraciones populares un sentido optimista, al final todas resultan victoriosas frente a las adversidades.

En América Latina, por razones históricas y culturales, entre otras, el catolicismo ha logrado una cierta capacidad hegemónica -lo que no comporta siempre participación directa en el poder político- en competencia con religiones de culturas autóctonas y africanas y más tarde con el protestantismo, este último en crecimiento al concluir el siglo XX. Pero también ha habido una intelectualidad emergida en condiciones de lucha política e ideológica, con rasgos definidamente antidogmáticos, librepensadores, en algunos anticlericales, cuya influencia ha derivado en cierta promoción secularizante si bien no necesariamente antirreligiosa.

En la contemporaneidad latinoamericana y caribeña se advierte un crecimiento de tendencias igualmente cristianas, o varias paracristianas en el criterio de algunos, o filosófico religiosas orientales, que han invadido el campo religioso hasta en conjunto alcanzar predominio en algunos países. Esto que se ha dado en llamar nuevos movimientos religiosos(4), presenta diferentes modalidades y en lo propiamente político se mueve desde la promoción de posturas socialmente evasivas y descomprometedoras hasta la colocación de figuras de determinadas iglesias en el terreno de la lucha política. En correspondencia se mueven concepciones teológicas en extremo dicotómicas y otras que regresan a la presentación del éxito personal como indicador de respaldo celestial.

Las masas populares, por su parte, asumen estas propuestas religiosas interpretándolas desde su cultura y modos de enfrentar los problemas, revelando también un cierto agotamiento de formas religiosas tradicionales.

Las instituciones religiosas expresan sus concepciones sobre los problemas sociales de forma sistematizada. Un ejemplo de ello lo constituye el conjunto de documentos que integran un cuerpo teórico donde la Iglesia Católica defiende sus criterios oficiales al respecto. Me refiero a la llamada Doctrina Social Cristiana. Los textos presentan, respecto a la legitimación o su contrario, diferentes orientaciones. En cuanto al capitalismo se asume la legitimación del sistema. La denuncia del neoliberalismo, y en general del denominado capitalismo salvaje, no busca la desaparición de las relaciones capitalistas, sino la superación de un modo de establecerlas, en el supuesto de que sea superable y que hay un modelo de capitalismo humanista. Sobre estas bases se entiende la necesidad de la obra caritativa -en la que la Iglesia tiene la excelencia- que tiende no a la desaparición de las causas que generan diferencias y con ellas pobreza y otras carencias, entendidas como naturales y por tanto eternas, sino su atenuación. Al respecto el Estado debe intervenir con una función de subsidiareidad mediante políticas de asistencia social y evitando excesos, pero no haciendo desaparecer la iniciativa privada, lo que se valora como sobrepasar sus atribuciones.

Respecto al socialismo la posición de la Doctrina Social de la Iglesia es de deslegitimación. Es suficiente recordar que el actual Papa lo ha declarado explícitamente al afirmar no está en correspondencia con los postulados doctrinales. La crítica del Papa Juan Pablo II al capitalismo es formal, respecto al socialismo es estructural, esencial.

Es conveniente insistir en el carácter histórico, y por tanto variable, de esta doctrina. Baste citar algunas afirmaciones de los llamados padres de la iglesia, varios siglos antes de la Rerum Novarum, para constatar las sustanciales diferencias entre el pensamiento de una época y otra. Por ejemplo: "no es la casualidad lo que hizo ricos y pobres sino la rapiña y la acumulación de riquezas" (Crisóstomo); " la propiedad privada es la fuente de desigualdades" (Agustín); "la riqueza exige el sufrimiento del pobre" (Zenón de Verona); "las riquezas provienen de la explotación de lo ajeno" (Teodoreto de Ciro); "cuando se da una limosna se devuelve al pobre lo que le pertenece, es por tanto obra de justicia" (Ambrosio); "no se puede practicar la caridad sin antes haberse practicado la justicia"(Crisóstomo)(5).

No debe perderse de vista que la Doctrina Social Católica conforma el pensamiento de la institución, por tanto es sustentada básicamente por la jerarquía. Pero la Iglesia no es homogénea, en su interior se pueden producir, y de hecho se producen, las más variadas y hasta contrarias posiciones. En la práctica se verifican posturas coincidentes o cercanas al "magisterio", pero también disidencias y oposiciones, frecuentes en los medios católicos latinoamericanos.

Una de las formas de discrepancia con las posiciones oficiales del Vaticano más significativa en América Latina en el campo de las ideas sociales y políticas, lo constituye sin dudas la Teología de la Liberación. Surgida en circunstancias de auge del movimiento revolucionario, en medio de las contradicciones sociales que impulsaron a los obispos reunidos en Medellín, Colombia, en 1968, a examinar y condenar la dominación económica y las profundas desigualdades que sumían en la pobreza y la marginación a los más amplios sectores de la población, esta corriente del pensamiento cristiano asumió un compromiso político con el pobre y se pronunció a favor de cambios revolucionarios en la estructura socio económica y política del continente de evidente carácter injusto, cuya existencia era concebida como pecado social.

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(1) Ponencia presentada en: Seminário Internacional Polifonia da miséria, uma construção de novos olhares, Fundación Joaquim Nabuco, Instituto de Pesquisas Sociales, Recife, Brasil 28 de mayo-1 de junio de 2001.

(2) Los datos son tomados de la intervención del Presidente de la Comisión Económica del Parlamento de Cuba y Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, Dr. Osvaldo Martínez, en la Mesa Redonda Informativa del 20 de abril del 2001 (reproducido en impresión ligera).

(3) Conferencia impartida en el Centro de Estudios Martianos, La Habana, 17 de noviembre de 2000.

(4) En algunos autores generalizado por sectas, aunque incorrectamente dadas las imprecisiones en la definición del concepto y porque no en todas estas formas se advierten procederes sectarios, si bien se producen fundamentalismos y concepciones estrechas.

(5) Las citas -no textuales- han sido extraídas de Antoncich, R. y J. M. Sans (1986): "Ensino social da Igreja", Editora Vozes, Petrópolis, pp. 32-33 (en Portugués el original, traducido por el autor).

 
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